¿Te has preguntado alguna vez por qué es tan difícil cambiar hábitos arraigados o transformar dinámicas familiares disfuncionales? El tercer postulado del enfoque sistémico explica este fenómeno a través del concepto de homeostasis: los sistemas tienden naturalmente a mantener un estado de equilibrio, incluso cuando este es problemático.
La homeostasis es como el termostato de una casa que mantiene la temperatura constante. Cuando algo amenaza con alterar el equilibrio del sistema, se activan mecanismos para restaurar el estado anterior. Esto ocurre incluso cuando ese equilibrio es doloroso o disfuncional.
Por ejemplo, en una familia donde un miembro está recuperándose de una adicción, es común observar resistencias inesperadas al cambio. Aunque todos desean conscientemente la recuperación, el sistema familiar puede haber organizado sus dinámicas alrededor de la adicción durante tanto tiempo que inconscientemente resiste la nueva situación.
Esta resistencia no refleja mala voluntad, sino la tendencia natural de los sistemas a preservar su estabilidad. Comprender la homeostasis nos ayuda a anticipar y trabajar con estas resistencias, en lugar de frustrarnos por ellas.
El verdadero cambio requiere reconocer que no basta con modificar un comportamiento individual; debemos transformar el equilibrio del sistema completo. Esto explica por qué las terapias sistémicas trabajan con toda la familia, no solo con la persona identificada como "el problema".

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