La séptima premisa del enfoque sistémico nos revela uno de los mecanismos más importantes para entender cómo funcionan los sistemas humanos: los procesos de retroalimentación. Estos circuitos de información actúan como el "sistema nervioso" que permite al sistema regularse, adaptarse y evolucionar.
Existen dos tipos fundamentales de retroalimentación:
1. Retroalimentación negativa (o correctiva): Actúa para mantener la estabilidad del sistema, corrigiendo desviaciones para volver al estado de equilibrio. Por ejemplo, cuando un adolescente muestra demasiada independencia y sus padres responden con más restricciones, o cuando muestra demasiada dependencia y recibe empujones hacia la autonomía.

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